La menina de Jauja
Sabido es que Francisca Pizarro, la "primera mestiza", nació en Jauja 1534 y murió en España en 1596. Hija del "Conquistador" del Perú, Francisco Pizarro, y de Inés Huaylas, ésta a su vez, hija del Inca Huayna Cápac. Para la mayoría de la población de Jauja su historia y trascendencia aún yace ignorada; sin embargo desde el 22 de agosto, la plaza de Jauja luce su monumento. Aquí algunas de las opiniones de nuestros intelectuales.
Nicolás Matayoshi (Investigador): Hoy he visto un monumento bastante extraño que dice representar a Francisca Pizarro, digo extraño porque ninguna iconografía se le parece; se trata de una simpática escultura que no representa a Francisca. Cuestiones postizas como esta son las que nos matan: no nos representan. Pero ¿por qué sentir orgullo por Francisca? si total la madre dio a luz acá y ahí se acabó la historia. Sin embargo, ella representa algo que es insoslayablemente peruano: es el origen, de alguna forma de la nacionalidad peruana, es la primera mestiza. Necesitamos sentirnos orgullosos de lo que fuimos, de lo que somos, de lo que tenemos, para poder preservar nuestra identidad, para no desaparecer como pueblo.
Manuel Perales (Arqueólogo): Al investigar el pasado, generalmente tendemos a negar aspectos de nuestra personalidad histórica. Los mestizajes son proceso que parten mucho antes de 1532, milenios atrás hemos tenido constantes procesos de mestizaje cultural entre distintos pueblos que han ocupado nuestra región; es decir, los Xauxas o los Wankas que para nosotros pueden ser el referente de la "identidad original", en realidad ya son producto de un gran mestizaje cultural que operaba desde mucho tiempo atrás. El "discurso" o idea de la "Gran Nación Wanka" o del "Gran Reino Wanka", a la luz de la evidencia arqueológica, tiene mucho de fantasioso; pues cuando los incas llegaron al Valle, no encontraron si no un conjunto de "Señoríos" o "Curacazgos", o antropológicamente hablando "Jefaturas" o según las fuentes históricas tempranas "Behetrías": unidades políticas fragmentadas y que competían entre sí. Existen identidades adscritas como adquiridas, por ello debemos entender todo en su contexto respectivo.
Gerardo Garcíarosales (Escritor): Jauja como primer enclave español, merece gran respeto. Hay muchas cosas que arrastramos como cargas emotivas. Hasta Jauja vinieron los incas e impusieron su cultura, nos pusieron como perdedores: ahí está Maquinhuayo, que ya va perdiendo su nombre por el de Cormis. En Jauja se iba a construir el primer parque industrial del Perú, pero hubo una gran diputada que se opuso. Finalmente nos han traído como monumento a una enanita (que en puridad, por el lugar de nacimiento, debiera estar en Sausa-Tambo), una de las Meninas de Velásquez, que para Jauja será un clavo en el zapato, nos hará sentir que como hija de españoles tiene su monumento en la plaza mayor de Jauja; ella representa un proceso brusco, violento, brutal, un "desarrollo" desigual, inequitativo, por lo tanto no contribuye a la unidad de Jauja. Cuánto quisiéramos ver en la menuda efigie un símbolo de integración y de progreso, pero por la falta de planificación, de concertación y de respeto (comunicación es respeto) dista mucho de serlo.
Hamilton Raymundo Rivera:(articulo publicado antes de la colocación del monumento) En Jauja se piensa seriamente construir un monumento a doña Francisca Pizarro, nacida en 1534 de la relación de Francisco Pizarro con Inés Yupanqui, hija de Huayna Capac. Si toda estatua tiene la misión de cumplir una función histórica y social que beneficie a nuestra identidad nos preguntamos: un monumento para la ilustre dama ¿cumplirá tal requisito?.
En todo caso debemos tener en cuenta lo siguiente: En la Web (Mats. Educ. bachillerato1980) afirman que: "La estatua, es el núcleo esencial del monumento conmemorativo que, en las culturas con sentido histórico, implica la idea de perpetuar la memoria de aquello que representa. Principalmente el de carácter simbólico y moral, cuya finalidad es representar como héroe a un personaje o a una clase social".
María Rostworowski en "Doña Francisca, una Ilustre Mestiza" dice que dicha unión conyugal fue fraguado por Pizarro padre, para establecer hábilmente una alianza que terminara neutralizando a los Incas; afirma también que la primera mestiza toda su vida se ocupó de sus asuntos personales; gustaba llamarse "Marquesa de las Charcas" orgullosa de su abolengo, pero que a su vez ventilaba en el Consejo de Indias su derecho a recibir el mismo trato dispensado a su padre, tramitaba también suponemos, el mismo título nobiliario. Por eso creemos que solo ha representado a la cultura ibérica y a todo lo que su padre y demás miembros de su aventurera empresa realizaron en el Perú. Es desacertado erigir un monumento a esa relativa situación de aparente y pacífica relación, pues los españoles al encontrar el oro y la plata del soñado País de Jauja la despojaron.
Carlos Hurtado asevera, que las autoridades estaban obligadas a aportar doscientos setenta y ocho mitayos cada cuatro meses a las minas de Huancavelica que funcionaban ya desde el siglo XVI, contribuyendo al serio despoblamiento del Valle y de Jauja.
Clodoaldo Espinoza, da a conocer una carta enviada al Rey de España por el Protector de indios Domingo L. y el Fray Buenaventura en 1629, describiendo la decisión de las madres jaujinas de causar a sus hijos varones lesiones perennes para impedir corran el mismo destinos que sus parientes en las minas, y de la triste medida de un hombre que vuelve del socavón Huancavelicano, encuentra muerta a su esposa, hambrientos a sus hijos, decidiendo asesinarlos y suicidarse.
Gaspar Rojas R. después de vilipendiar a los campesinos agrega: "Hay que declarar con sinceridad y franqueza que el indio en la ciudad es víctima del desprecio y el estropeo, por que su condición racial la mantiene en la ignorancia y la humildad genuflexa". Entonces, tenemos como herencia colonial, un racismo disgregador.
José Álvarez Ramos, dice que nuestra identidad debe ser enfocada desde el aspecto histórico, geográfico-cultural, mas no bajo el concepto de mestizaje por ser general, pues el ciudadano actual se prefiere jaujino, concepcionino, etc., más no mestizo. Una estatua a la doña simbolizará matutinamente la derrota del Tahuantinsuyo, del hurto cometido, el remache de nuestro inconsciente inferiorizado, el de ser un país fragmentado que no logra ser estado nación y por ello haber sufrido recientemente una apocalíptica guerra civil; hecho que no le hará favor alguno a nuestra alicaída identidad. Presumimos si, la existencia de un acaso inconsciente deseo de poner una estatua no a Doña Francisca sino a la memoria de su padre, donde se sientan ellos y sus nostálgicos ideales de clase social representados.
Cambiarían las cosas si pusiéramos un monumento a Titu Cusi Yupanqui, al triunfo del migrante andino en la ciudad, a nuestra jaujina naturaleza de eternos y felices danzantes. Etc.