Los complejos de los jaujinos : El Profesional (o profesionista).
De los muchos complejos que aquejan a los peruanos, uno es muy particular y me “encanta”. Este es el que he denominado el complejo profesional.
Resulta que en los países hispanoamericanos (que no latinos), al parecer, por algún resabio colonial -en toda la extensión de la palabra-, debido a que en épocas pasadas la nobleza y el cargo estaban muchas veces relacionados. Hoy ciertos individuos (que no personas) creen que por poseer un título profesional su estatus ontológico ha superado su mediocre existencia. Y así vemos como estos con sus doctorados, sus ingenierías o sus licenciaturas – amén de sus PHds obtenidos en Europa o los EE.UU.- en “nomeimportaunbledo” asumen estos títulos como si de títulos de nobleza se trataran. ¡Válgame Dios! de quien no les trate por su título… pobre y triste humano aquel que no se da cuenta que se ha matado entre 4 y 8 años estudiando para como buen arribista ascender por sus papeles en la marejada de la masa disoluta que puebla los cuatro rincones del país, su quid pro quo: (medio) saber hacer algo. Tres ejemplos claros recuerdo de mi corta vida – en orden descendente conforme al tiempo:
1) La " montubia" ,que se esforzó toda su vida -utilizando todos sus encantos femeninos- para primero conseguirse una teta, perdón, un trabajo en una institución pública; para después sacar su título en economía en noseque universidad -becada por la misma institución pública por sus mismos encantos femeninos – y rematarle con algún curso al cual ella le dio el valor de un MBA. Cabeza en alto, orgullosa de lo que es (o cree ser), se afirma en un pedazo de cartón en la pared… pobre el truhán que no se dirija a ella como “economista” (los apocopes como eco. econ. y sus etcs. no están permitidos en este caso) y más pobre aquel desgraciado que se atreva a enviarle un oficio sin el Ec. o Econ. antes del nombre y el MBA, después de él. Recibirá su “ubicatex” enseguida. Aunque a ella también le dieron el suyo cuando le explicaron que era un MBA, y el por qué ella no lo tenía.
2) El abogaducho leguleyo que ¡Oh sorpresa! alguna vez lo ocupé en uno de mis omnipresentes líos legales. En este caso con buen apellido, abolengo, casa de sus antepasados en el centro de la Ciudad y quien también mamaba, perdón nuevamente, trabajaba ocasionalmente para el Estado. Además de sus complejos de venido a menos, le encanta le traten como doctor; si bien no exigía que fuera así (nobleza obliga dicen por ahí). Pero siempre un leve suspiro de satisfacción se le escapa de su ser cada vez que alguien reconoce su doctorado en leyes (que antes lo entregaban a diestra y siniestra al que era y al que no era… y que ahora se ha regulado algo más su obtención). El “doctorcito”, como le decían en la calle, finalmente me estafó y no solo que no resolvió uno de mis juicios, sino que se arregló muy bien con la otra parte para repartirse lo que era mío. Bien vivo resultó el “doitor”, seguramente eso no lo aprendió en el claustro universitario sino en los arrabales de los juzgados con el resto de “profesionales del derecho”.
3) El profe Aguirre de dibujo en el colegio, que resulta había sido arquitecto: -”Profe” decía yo. – “Arquitecto” me respodía”. – “Pero profe quiero quiero saber como se dibuja esto”. -”Arquitecto” me volvía a responder. Y solo se me ocurría en mi inocencia de educando: Como que si fuera mi culpa el galopante desempleo de nuestro país, y como si fuera mi culpa que hubiera elegido una carrera más que explotada en estas tierras donde abundan los médicos, loa abogados y los aquitectos. Ni hablemos hoy en día del déficit de especialistas en carreras técnicas que faltan en el Perú. Pues no a muchos les agradaría escuchar cuando se refieran a ellos como “técnico soldador” etc.… aunque tal vez lo pensarían al saber que estos ganan mucho más que cualquier “Arquitecto”.
Tres ejemplos claros, tres ejemplos patéticos. Valen por lo que dice un PAPEL EN LA PARED. Son por cómo se refieren hacia ellos. ¿Cómo no van a ser así? Si desde mocosos sus padres les meten por las orejas que el objetivo máximo de su vida es ser profesional: “usted hijo debe ser un buen profesional”, “un buen profesionista” dirán unos más leidos.
Así que para mí la universidad no es más que un trámite demasiado largo y caro; me será siempre imposible entender esto: Como a los individuos se les enseña ser útiles en algo (pues una profesión no es más que esto), antes de enseñarles a ser personas, antes de orientarlos a ser gente.
De muy niño la mejor lección de mi vida sobre este complejo me la dio uno de mis bisabuelos (al cual tuve la dicha de conocer): “EL MAYOR TÍTULO QUE JAMÁS PODRÁS OBTENER ES EL DE SEÑOR” ¡Ajo! agrego yo. Y este mismo axioma me lo reafirmó el más querido de mis maestros (que no profesor) el licenciado, pero sobre y ante todo Señor Eguzquiza, allá cuando cursaba mi sexto grado de escuela en el cole.
Mis acomplejados doctorcitos, licens, arquitectos y ecos ¿Saben qué?: Les quiero. La vida es un cabaret.
Nota: Debo anotar que el complejo se agrava mientras el nivel social va bajando.