El Valle de Jauja se extiende desde Yanamarca hasta Pucará (Huancayo) - abarcando una superficie de 42 leguas cuadradas. Fue prehistóricamente un lago interandino. Todos los estudiosos, desde Raimondi, Torres Saldamando; Manuel Pardo y Neme¬sio A. Ráez, hasta el presente, inclusive Abelardo Solís Vás¬quez, sostienen la hipótesis lacustre. Afirmándose, por tanto, que la vida del hombre primitivo se desarrolló, en el devenir de los perío¬dos paleolíticos en la Hoya del Mantaro. Se asentaron en este ha¬bitat núcleos étnicos, predominantes, como los wancas i los xauxas, de caracteres: antropológicos inconfundibles, estudiados por Tshudl y Rivero (1851) y con idiomas propios (C.R. Marhkam, "Los incas del Perú"). ¿Por qué se emplazaron en las cumbres de los cerros?;" Sin duda alguna, por instinto de conservación y por estrategia de¬fensiva. Abelardo Solis opina: "Probablemente los huancas tuvieron, por lo menos, la idea de que el Valle de Jauja, alguna vez estuvo ocupado por las aguas". "La necesidad de defenderse de los enemigos y precaverse, de las inclemencias de la naturaleza determinó esa costumbre". Utilizaron agrícolamente la llanura i los pastos para sus ganados. Los Wancas i los xauxas eran belicosos: "tenían bando i. pendencias sobre las tierras de labor i sobre los términos de cada pueblo", como anota, el lnca Gracilazo de la Vega. Sus construccio¬nes eran pétreas, de estilo propio, las pre-incas i de influencia cuz¬queña las de la época del dominio tahuantisuyano. Unas, "tienen la forma de pequeños torreones cilíndricos" (Cerro Huancas). "No faltan algunas de dos pisos, teniendo las habitaciones altas un piso de piedras achatadas" (Curimarca, Yanamarca). Otras, "de base rectangular" (Villa Sausa). Todas, habían superado proceso de des¬trucción, por ignavia estatal. Su alfarería fue sencilla. Pero, sin de¬jar de descubrir cierta raigambre tahuantinsuyense; i también, in¬fluencias de motivo Wari (Ayacucho), según Ramiro Matos Men¬dieta (1954). Su atuendo era de lana, distinguiéndose unos de otros. "por las cintas de colores de cuatro dedos de ancho que llevaban en la cabeza", como lo advirtió Pedro Pizarro, en la Conquista espa¬ñola. Adoraban al perro -su tótem-. Crelanse de la misma oriun¬dez: "afirmaban que su origen i nacimiento procede de cierto varón i de una mujer que se llamaba Urochombe, que salieron de una fuente, a quien llamaron Guaribilca" (Cieza de León, "La Crónica del Perú"). Su Dios Ticcseviracocha, era venerado en el santuario de Wari-Willca, cuya ubicación no se halla definida. En 1931 el arqueólogo Federico Gálvez Durand, previa investigación, precisó el lugar en el pueblo de Huari (Huancayo). En 1934 Mons. Rubén Berroa fijó en San Francisco de El Tambo (Jauja), al realizar un descubrimiento arqueológico. Conocieron el culto de los muertos. En sus costumbres bélicas eran crueles, a información del autor de "Comentarios Reales"; quien estuvo en Xauxa, a la edad de 20 años, de paso a Li~t1mbo a España. "Desollaban a los vencidos, colocando sus pieles, en sus tambores", diciendo que sus enemigos se acordaban viendo que era de los suyos i huían en oyéndolos"...